María, Trastorno Bipolar y Esquiaofrenia, barrera del idioma para el tratamiento

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family_profile_mariaMaría no recuerda mucho de su adolescencia, el período justo antes de que fuera diagnosticada con trastorno bipolar y esquizofrenia. Algunos de sus familiares le han dicho que durante su adolescencia, su paranoia la hizo agresiva, incluso le cuentan la historia sobre el día en que roció con gasolina toda la casa con la intención de prenderle fuego, aunque nunca lo hizo. Ella se crió en Puerto Rico con nada más que una educación idílica. La madre de María era una alcohólica a la cual tuvo que cuidar desde una edad muy temprana. Además de eso, María sufrió abuso físico y sexual a manos de miembros de su familia y después sufrió un trauma mayor al casarse con un hombre abusivo a los 17 años.

A los 19 años, Maria fue diagnosticada con trastorno bipolar y esquizofrenia y, aunque el sistema de salud mental en Puerto Rico tiene defectos, comenzó a recibir tratamiento básico de inmediato. María encontró consuelo trabajando con otras víctimas de la violencia doméstica en su comunidad. Ella les ayudaba a encontrar un empleo y empezar una nueva vida, algo que ella tenía la esperanza de hacer ella misma. El primer paso lo dio cuando se divorció de su marido.

Luego, en el 2000, María se mudó a los Estados Unidos para estar cerca de dos de sus tres hijos, quienes habían emigrado con su ex marido. El trastorno bipolar y el incremento en su paranoia esquizofrénica han limitado su capacidad para trabajar, por lo que recibe atención médica subsidiada a través de un programa estatal. El programa le da acceso a las clínicas comunitarias de salud y alguna cobertura de los medicamentos que le recetan.

Un obstáculo significativo que María, quien no habla inglés, ha encontrado en los servicios médicos en los Estados Unidos ha sido el acceso a la atención oportuna. "6 ó 7 años atrás, fui hospitalizada cerca de 9 veces en el lapso de un año", explica María. Debido a que María no entiende inglés bien, ella necesita ayuda para comunicarse con el personal médico. En el 2009, María sufrió de una depresión tan profunda que estaba considerando el suicidio. Fue llevada al hospital donde comenzó un juego de espera. "Esperé durante 4 horas, mientras trataban de encontrar un intérprete", recuerda. Durante ese tiempo, Maria dice que nadie trató de hablar con ella o de consolarla. "Yo estaba sentada allí, llorando, hasta que finalmente alguien vino y me llevó a hacer la evaluación", dice María. La evaluación inicial de su estado mental se completó con la ayuda de un intérprete y el médico determinó que necesitaba ir al ala de psiquiatría del hospital. Ahí, Maria tuvo que esperar otra hora para que un segundo intérprete la ayudara a hablar con el psiquiatra de guardia. Al final de este proceso, María dice que se sintió "ignorada y discriminada".

Además de los problemas de acceso a la atención oportuna de salud mental, María ha tenido problemas para pagar los medicamentos. "Todo mi dinero se destina al alquiler y la comida, nunca tengo extra", dice al explicar por qué incluso el pequeño co-pago es demasiado para ella. Por el momento, su clínica local le ha permitido obtener medicamentos a crédito. Ella ahora debe más de $1000 en co-pagos, y dice que no tiene idea de cuando la clínica le va a cortar el crédito o cómo va a pagar su cuenta si lo hacen. Además de eso, puede ser que necesite un ajuste en sus medicamentos actuales, una propuesta desalentadora dada su deuda actual. "Todavía estoy alucinando mucho y eso me hace paranoica. Puedo sentir que la gente me toca en la espalda, puedo oírlos que me llaman ", dice María.

A pesar de estas dificultades, María trata de mantener una actitud positiva. Ella prospera en su papel de facilitadora de un grupo de compañero a compañero en el Centro de Aprendizaje para la Recuperación de Massachusetts (RLC). A través de RLC, ella dirige un grupo de apoyo en Worcester y ayuda a otros a hablar de su salud mental. "Se siente tan bien hablar con mis compañeros" dice, incluso les da crédito por ayudarla cuando cae en la depresión. La terapia está cubierta por su seguro de salud médico estatal lo cual le resulta esencial para mantener su bienestar. "Yo creo en la recuperación", afirma María. "Los medicamentos ayudan, pero hay que ir a terapia y hablar abiertamente sobre lo que está pasando. Si no, uno se puede poner mucho peor".